Alétheia (en griego ἀλήθεια, "Verdad"), es el concepto filosófico que se refiere a la sinceridad de los hechos y la realidad. Literalmente la palabra significa "aquello que no está oculto", "aquello que es evidente", lo que es verdadero. También hace referencia al "desocultamiento del ser".

Viendo las obras de Paloma Marggi no puedo por menos que pensar qué raquítico y ramplón es el mercado del arte en España. Si, por el contrario, fuera un mercado dinámico y abierto donde la clase media, las gentes acomodadas, asistieran con frecuencia a los espacios comerciales donde se exponen objetos de arte y los compraran, Paloma Marggi conseguiría un buen número de ventas. Porque sus obras lo tienen todo para gustar. Desde el tamaño, muy adecuado para los espacios privados, a la realización, donde el “arti-ficio”, el buen hacer y el manejo de las técnicas y las tecnologías son muy notables.
Delante de una de sus obras, en las que un grupo numeroso de personas cruza ante la entrada de un edificio del centro de la ciudad -tal vez el Casino de Madrid en la calle Alcalá-, dos jóvenes cuentan y recuentan las personas, y sus trayectorias, tratando de averiguar cuántas superposiciones ha realizado la artista para conseguir ese efecto de masa que fluye. El espectador sabe que lo que está viendo es el producto de una técnica y una tecnología muy actuales. Y no puede por menos que admirar esa técnica que consigue engañar a sus ojos. Y como ante el prestidigitador, todos quieren saber cual es el truco.
Y es que en las fotografías “tratadas” de Paloma Marggi, todo está a la vista. Aquí no hay dudas ni planteamientos ácidos u obscuros. Todas las piezas son imágenes diáfanas a las que el tratamiento digital ha convertido en imágenes imposibles. Con rotunda nitidez las fotografías, muy lejos ya de ser un trasunto de la realidad, son el campo de juego que la artista utiliza para hacernos llegar claros mensajes.
También el espacio expositivo, un estudio de arquitectura, entra dentro del planteamiento de las obras que tratan de la arquitectura y de lo urbano. Paloma Marggi parte de buenas fotografías urbanas, totalmente contemporáneas y trabaja sobre ellas hibridándolas de naturaleza. De un concepto de naturaleza, a su vez, urbano. En eso estas obras también aciertan al identificar una concepción de la naturaleza engarzada en lo urbano. Como los jardines verticales tan de moda ahora, de lo que es una muestra evidente la pieza elegida para la tarjeta de invitación, o los huertos urbanos, también tan de moda entre esas clases medias, a quienes no puede por menos que gustarles una ecología de fachadas y vistas urbanas donde lo verde, como máxima representación de la naturaleza, invade zonas insospechadas. El verde que tiñe una carretera hasta darle el aspecto de un prado puede ser un ejemplo de ésta transformación de lo urbano.
Y no son propuestas a realizar, ni proyectos de jardinería urbana. Son proyecciones de deseos, de cosmovisiones en las que se parte de la irrenunciable realidad de lo urbano para sublimarlo al fusionarlo con árboles y hojas. Todo nítido y evidente. Como ese balcón abierto de par en par , con una mesa preparada para un desayuno, que se funde con el paisaje. El paisaje aquí como prolongación de la arquitectura. La fusión de lo privado con el espacio abierto. La prolongación de un deseo que se sabe imposible y que, precisamente por eso, necesita cumplirse a través de la función catalizadora de la obra de arte. Como ocurre en otra de las obras en las que, sobre una fotografía de las recientes del movimiento 15-M en la Puerta del Sol, una línea roja dibuja la proyección de una habitación cuya puerta se abre sobre la plaza y la multitud que la inunda. Paloma Marggi hace evidente la psicología social-urbana y contemporánea. Sin acritud le dá cuerpo artístico, a través de su pericia en el tratamiento digital, a los buenos deseos de las gentes bien pensantes.
Por eso es una pena que el mercado del arte en España sea tan raquítico. Porque estas obras lo tienen todo para gustarles mucho a mucha gente.
Hilario Álvarez Díaz - OFICINA DE IDEAS LIBRES - Gestión y Difusión del Arte de Acción


             

Los Mares de Adentro
Sabedores del discurso formal que surge de los postulados de la abstracción uno se pregunta si las formas geométricas, como definición de encuentros y desencuentros con la realidad, no pueden encerrar una nueva expresión de génesis, de nacimiento, de regreso a lo mas primario del ser, rescatando desde su origen los materiales que son susceptibles de construir nuevas formas de expresión (es decir, de observación). Sin lugar a dudas esto implica un salto cualitativo en la elección última de los modos y de los medios utilizados e utilizables en dicha construcción. No basta con reciclar o reutilizar aquellos elementos amétricos para obtener una visión «más real» del objeto, por ejemplo. La fuerza de esa construcción reside en el juego constante de sensaciones, de lenguajes, de sutiles transformaciones que rompen el equilibrio entre la verticalidad de lo expresado y la horizontalidad de lo creado.
La obra de Marggi parte de esa idea tan sugerente como vanguardista (en su sentido más revolucionario) como es el cuestionamiento constante de todo su universo creativo. La dialéctica de las cosas más simples y cotidianas, ese juego de contrarias, de mezclas, de contraposiciones, encuentra su verdadera dimensión en la capacidad del artista para moldear los sentimientos del observador.
Nada de lo que vemos nos resulta ajeno y, sin embargo, nos sentimos atraídos hacia un distanciamiento tan sutil como efímero, tan mágico corno intime, tan revelador como extraño, De ahí nace, quizá, todo arte que se anuncia contra si mismo y contra su creador.
Antonio Merino

No alcanzo a imaginar el silencio, prolongadas tardes, persiguiendo percibir la levé respiración del frió material. Impetuoso latido del crepúsculo sucumbiendo, señero, estrellando los sueños, reventando presiones, simulando pasión.
Andar, impresionado, bajo la inquietante sombra de paisaje atonal. Interrogarse de no ser sino nimia proyección entre esforzadas especulaciones. Ir, pletórico, hacia la rugiente noche, exigiendo metamorfosis.
Alguien, no recuerdo, ha descrito la luz del horizonte. Tal vez se mezclen el tiempo, la ausencia, el caos; ilusión de cuanto no es. Una sombra se cruza entre mas, ineluctabilidad de los héroes en la sempiterna lucha contra... contra que, quién...? Pudiera ser un prolongado equivoco desbarrándose por el tiempo, entre apocados gimoteos, palabras entrecortadas. Acudir, a través de convulsos reflejos, forjando la tensión muscular, resignándose a la esencia.
Infinito pudiera perpetuarse un gesto, una evocación, cualquier callada. Y unos pasos hacia elíptico laberinto...
No cabe el mundo tras un tímido gesto, una mirada vidriosa, mudos labios. Alcanzar los últimos descensos, en la agotada noche oscurantista. Una muchacha, menuda, busca una respuesta en dura roca, reedificando intenciones.
Amanece. Camino, lento, entre erguidas efigies.
F. Vilaboa


             
El punto de las artes 2000
Mareas intimas de Paloma Marggi
En el universo creativo de Paloma Marggi las mareas le salpican; es como si desde su orilla quisiera participar en ese ir y venir, de flujos y reflujos que tiempos sucesivos mantienen la dinámica a tenor de la luna, con luz solar y pulsaciones querenciales que marcan transcursos. Lo que fue y lo que seguirá siendo de esa o de otra manera. Porque Paloma Marggi recrea desde los sentidos, conjuntado elementos matéricos que reutiliza para construir encuadres intelectuales, referencias subjetivas o indicativas a tenor de una estética. Son sus esculturas objetos en el espacio, memoria de impulses y necesidades, y testimonio de que en la Humanidad sigue soplando el viento y las olas bravas salpican los acantila-dos; "Bólido para el mar urbano", "El rió bajo el puente", "Cruzando un triangulo azul" o sus árboles de mar, en un discurso donde todo pasa y todo sigue. Marggi protagonizo su primera exposición individual en Bayona en el 91, después ha mostrado su obra en Madrid y Móstoles; ahora expone en el C.C. Villa de Móstoles, PI. de la Cultura s/n, hasta el 30 de octubre.
Juan Antonio Tinte

             

Paloma Marggi
Un deseo de reconocimiento de la realidad inmediata de las cosas, simultaneado con el afán por merecerse el atisbo en la realidad visionaria de esas mismas cosas: esta es la síntesis de la actitud que, según mi apreciación, ha conducido a la ceramista, pintora y escultora Paloma Marggi a concebir y formar las obras que ahora muestra individualmente en Madrid, y con las cuales me encuentro por primera vez. Feliz, muy feliz encuentro, tanto por lo que estas obras tienen de bueno como por la ausencia en ellas de vicios al uso.
Para empezar, Marggi tiene con las materias y materiales que utiliza una relación de admiración, respeto y entendimiento: made-ras -haya, fundamentalmente-, acero, plásticos, pigmentos son en sus manos mensajeros de si mismos y simultáneamente, heraldos que nos muestran conformaciones de otra realidad quizás mas verdadera que la habituad. Sus obras poseen esa aura de desvelamiento que es fundamental en el arte, «eso» que de forma privilegiada «se impone» al artista como un regalo merecido. Vibra entonces el autor, y vibra el contemplador; inoperantes y ridículos se muestran tantos intelectualismos materialistas y tantos parámetros vana-mente encasilladores. Esta artista posee esa maravilla que es el don del embelesamiento, esa mezcla de encanto, seducción e ilusión que yo le sigo pidiendo al arte.
Mencioné anteriormente la ausencia en estas obras de vicios al uso, si. No aparecen, en el quehacer de Marggi, barbaridades como el afán de pasmarnos con esa superficialidad que conlleva el "no va más" obsoleto vanguardismo a ultranza; el abuso, el maltrato, la falta de amor por las materias; el retorcimiento y la suplantación de la imaginación por la maquinación. Por mi parte, le doy a Paloma Marggi mi entusiasta enhorabuena.
Marggi es una artista nacida en Madrid, cuenta en su trayectoria con bastantes colectivas y esta de El Gayo Arte es su sexta muestra individual.
C. Pallarés


             
Paloma Marggî: mirada poetica
Paloma Marggi presenta en la galería El Gayo Arte sus trabajos de los ultimes cinco anos: esculturas, instalaciones y obra original sobre papel. La primera sensación que provocan sus obras es la invitación a un contacta afable, de proximidad. Marggi sabe lograr que en torno a cada obra se sienta un aura, una dimensión añadida que contagia una impresión vital, logrando evocar en nosotros la sensación de que la obra se adapta a nuestro propio espacio, interaccionando con nosotros, incluyéndonos en un ámbito envolvente que nos invita a poner en juego todos los sentidos, despertando el placer de la exploración. Las obras tienen dimensiones asequibles, han sido creadas a escala humana y esto es parte de su encanto y de su capacidad para hacer serias al espectador logrando que camine alrededor y, a veces, a través de las obras.
Marggi utiliza materiales reciclados como cuestión de principios, por su carga de historia y lenguaje propio que los mismos poseen frente a los materiales nuevos. Logra, con gran elegancia, la fusión de lo orgánico con lo industrial uniendo materiales como la madera, la piedra o el hierro, con otros como el poliestireno. La sutileza de formas y estructuras, consiguen la integración de los materiales, creando entre ellos una continuidad, alterada solo por pequeños cambios de ángulo, puntos de inflexión, en un juego refinado de formas y texturas, dando paso a ligeros contrastes de brillo y color, que nos permiten recrearnos en sus características sensuales. Consigue dar vida al material industrial, haciendo surgir en la superficie la idea poetica que subyace en la obra y mostrarla como un pedazo de naturaleza. Mediante el reciclado da nueva vida, cambia el significado, y vuelve calido el material frío e inerte.
La obra de Marggi se sitúa en equilibrio en la fina línea que une arte y vida, cada creación es manifestación intima, lírica, calida: son obras que hablan del vivir, de la tierra, del tiempo, de la cultura, siempre desde un punto de vista cargado de poesía. Son expresión de una historia personal y por ello desprenden vida y sentido.
Pilar Treviño Gajardo

             
E1 Gayo Arte, presenta a la escultora Marggi. Su obra erigida, principalmente, sobre madera y, sobre todo, materiales reciclados, es un compendio de extrañas formas vanguardistas, rompedoras e innovadoras. El triar, la mujer, el tiempo, son su fuente de inspiración y las refleja gracias a la combinación de figuras geométricas en unos casos, asimétricas en otros, talladas en hierro y madera policromada. Combinación de formas sinuosas. rectas, zigzag... colores oscuros; tierra, negro, verde... sujetos sobre si mismos o bien sobre soportes de hierro dan como resultado esa ligereza y sutilidad que en última estancia trata de reflejar la autora. Junto a la obra escultórica encontramos una serie de grabados que nos transportan a la ingenuidad de la infancia. Se trata de cuadros pizarra en los que aparecen los mas varia-dos garabatos en un esfuerzo por reflejar" el negocio de la escritura". Es una obra personal e intimista pero a la vez generalizadora y extensible al resto con el afán de conocer la realidad del mundo a fin de dejar una huella en lo ilimitado, en esa visión futurista al mismo tiempo que incongruente que refleja esta obra
Cristina Gonzalo Romero

             
Genuina y sincera, PALOMA MARGGI (Madrid, 1956) expone sus esculturas en madera y acero, principalmente, para presentarnos la evidencia de sus inquietudes plásticas y vitales. El movimiento y el espacio, el reconocimiento de la identidad propia, la búsqueda de los objetos y las estructuras ajenas y que puede descubrirnos tal experiencia. Piezas algunas pequeñas pero mágicas («La sombrilla»), otras de medianas proporciones y pronunciada verticalidad y riesgo, finalmente la titulada «Hay que ser feliz» mostrándonos, como si esencias únicas fueran, el alimento y la sal, la tierra y el tiempo, y la cultura, asuntos totalizadores del espectro vital, a partir de planchas transparentes que contienen diversos materiales. MARGGI salva el dialogo entre lo que late y lo que calla con la presencia de sus creaciones, a veces como inéditas altares que en la contemplación nos exaltan.
Oscar Méndez Lobo